| Rhea ( @ 2006-11-09 18:08:00 |
| Entry tags: | fandom: heroes, het, pareja: peter/mohinder, pareja: peter/simone, pareja: simone/isaac, slash |
Vale, tarde, pero aquí está. Este fic es para
summerstorm y para mí, porque cumplimos años y hay que hacer algo para que no nos sintamos viejas. I hope you like it, sweetie ^^
FANDOM: Heroes
PAREJAS: Peter/Mohinder, Peter/Simone y Simone/Isaac
RATING: De momento nada. Si es que Peter y Mohinder están hecho para el fluff.
MOMENTO: Esto sería justo después del capítulo seis, lo que significa AU, pero es que no había visto el 7 cuando lo empecé a escribir, so... yeah, además, en mi capítulo 7 sale Mohinder, es más bonito que el de la serie.
Otras cosas: No sé exactamente si la segunda escena cuadrará bien o no, las he pasado canutas para conseguirla, igual que la última parte de la segunda parte. Ya. Es que tiene una estructura un poco rara el fic, pero no me disgusta cómo queda.
So, there you go, espero que os guste...
PARTE UNO
- Disculpa, ¿está ocupado?
La mujer es alta, afroamericana, pelo largo y rizado - recogido en una cola de caballo - y porte fuerte y decidido. No lleva maleta y parece algo nerviosa, aunque lo disimula con una sonrisa que parece decir: lánzame lo que quieras, lo superaré.
Mohinder niega con la cabeza. Sonríe, aparta su maleta del asiento. Cuando la mujer se sienta a su lado, intenta no tamborilear con los dedos sobre el apoyabrazos de metal. Tres horas de espera. Para ser un científico la paciencia no es su punto fuerte.
Son casi un espejo, respiraciones entrecortadas, miradas furtivas al reloj cada cinco segundos, el constante pensamiento de para YA.
- ¿Un retraso? – pregunta Mohinder, y es tan obvio que le da vergüenza haber abierto la boca.
La mujer asiente con la cabeza y se humedece los labios con la punta de la lengua. No le pregunta a él, seguramente porque es demasiado obvio. Por supuesto que lo es. La pregunta habría sido estúpida. Su pregunta ha sido estúpida.
Frunce el entrecejo, mira el reloj por enésima vez, intenta no enterrar el rostro entre las manos. Odia volar, siempre lo ha odiado, encuentra muchas más probabilidades de las que dicen de que el avión simplemente se caiga a medio viaje.
Vale. Quieto. No va a pensar en el avión. Ni en el aeropuerto asfixiantemente lleno de gente. Ni en la tormenta que hay fuera. No lo va a hacer.
- ¿Te encuentras bien?
Desentierra el rostro de sus manos y asiente.
- No me entusiasma volar.
Ella sólo sonríe: “A nadie le entusiasma volar”.
Increíblemente, esto le arranca una sonrisa. Pequeña, irónica, pero una sonrisa. Extiende la mano.
- Me llamo Mohinder.
- Simone – contesta.
El apretón es firme y seguro, no es un mal comienzo.
***
Tres horas, dos nuevos retrasos y cientos de conversaciones estúpidas después, los pensamientos más hondos, los que no le contarías ni siquiera a tu mejor amigo, terminan por salir a la luz con un extraño. Rodeados de gente, sobre una taza de café y con la sensación de que si no hablan el tema estallará por sí solo, y será demasiado tarde.
- Le conocí hace dos años.
- Es una relación larga.
Simone deja escapar una risa irónica, porque en lo concerniente a Isaac, realmente es lo único que puede hacer. “Sí, lo es. También es altamente destructiva.”
Mohinder no contesta, baja la mirada y remueve el café ausentemente.
- Lo peor es... Lo peor es que da igual lo que haga, no consigo quitármelo de la cabeza.
- Nos pasa a todos – sonríe, sin embargo no alcanza a sus ojos.
- Al parecer a algunos más que a otros.
Se lleva la taza a los labios y cierra los ojos. Café solo, dos cucharadas de azúcar, mataría por haber echado más.
- Así que huyes – comenta Mohinder de repente.
- Ojalá. Sólo he venido a recoger unos cuadros.
- Hay muchas maneras de huir.
Su sonrisa es amarga. No quería sacar este tema, ni siquiera sabe qué hace hablando de ello cuando lo que quiere, lo que necesita es enterrarlo bajo varias capas de cemento y que no vuelva a salir.
- Así que... – el cambio de tema es demasiado brusco, tampoco le importa demasiado - India, ¿eh?
- Si el avión llega, sí.
- Siempre he querido ir a la India.
Mohinder sonríe y pasa una mano por el pelo.
- No es para tanto.
- Claro que no – se ríe -, para alguien que ha crecido allí.
- Quizá.
Nota el móvil vibrar en su bolsillo. Sabe quién es, claro que lo sabe, Isaac lleva horas llamando, la única razón por la que no lo apaga es porque quiere autoconvencerse de que puede ignorarle.
- Bueno – y puede hacerlo, puede ignorarle -, ¿y cuál es tu historia, Mohinder Suresh?
Le ve juguetear con una servilleta, apartar la mirada.
- Todos huimos de algo.
- ¿Hasta la India?
Chista y esboza una sonrisa amarga. Cuando levanta la vista puede verlo. El vacío, la confusión. Asfixiante y caótico, como si se estuviera mirando en un espejo.
- ¿Alguna vez has tenido la sensación de que no vives tu propia vida? – hace una pausa, Simone simplemente asiente, el movimiento es casi imperceptible – Llevo sintiéndome así tanto tiempo que ya ni siquiera sé dónde empieza mi vida y acaba la de los demás.
El silencio después de eso es pesado, aire sólido que abarca sólo esa mesa, que les excluye del resto del mundo.
- Creo que deberíamos haber pedido algo más fuerte.
Están a punto de reírse, en serio.
La sugerencia, lo que realmente debería haber dicho, resuena en la mente de Simone. Ese quizá simplemente deberíamos dejar de huir, el teléfono vibrando en su bolsillo.
No sabe si Mohinder lo piensa también, espera que sí.
***
Una hora después, el avión despega sin él.
PARTE DOS
Cerca de las diez de la noche, la puerta suena. Demasiado fuerte, en opinión de Peter. No un toc, toc, toc. No. Un TOC, TOC, TOC. Puede que incluso PUM, PUM, PUM. Pero, seamos sinceros, las puertas hacen toc, el PUM es sólo un efecto del alcohol.
Se frota los ojos y ahoga un bostezo en su camino hacia la puerta. Posiblemente colisionando contra un escritorio, pero no está muy seguro. Cuando abre ya tiene pensado el grito para quien esté llamando. Probablemente Nathan, es el tipo de cosas que Nathan haría, presentarse en su piso cuando está borracho para sacarle fotos o algo así.
Pero la verdad es que no tenía pensado ningún grito para genetistas hindúes, así que se queda con la boca a medio abrir y pareciendo un idiota, que es lo que mejor se le da con Mohinder.
- Es... ¿vengo en mal momento?
Parpadea. A Peter le gusta el acento de Mohinder. Es... hindú. Y sexy. Como la voz de Simone cuando está enfadada y el hoyuelo que se le forma en la frente. Sí, sexy.
De acuerdo, está decidido. Whiskey: Nunca más.
- No – y su voz es prácticamente inaudible, perfecto. Se aclara la garganta antes de continuar –. No. Es... Pensé que te ibas.
Mohinder se apoya en el marco de la puerta. Se humedece los labios, evita su mirada.
- Iba. Es... complicado. ¿Puedo pasar?
Finge que se lo piensa durante unos segundos, se quita mechones invisibles del rostro y, finalmente, se aparta para dejarle paso.
El piso está prácticamente a oscuras, y ahora que lo ve objetivamente, quizá debería haber limpiado un poco. Ha corrido la mesa del salón hacia un lado y en el suelo sólo hay una botella de whiskey llena hasta más de la mitad. Más de la mitad. De repente se siente un poco patético.
Ignora la expresión de curiosidad – puede que de diversión, no está muy seguro – de Mohinder y adopta su posición anterior. Suelo, boca arriba, botella en mano. No es una mala postura, pero tiene la sensación de que más tarde su espalda no dirá lo mismo.
- ¿Un mal día?
La voz resuena desde arriba, con la cabeza ladeada y rizos negros cayéndole sobre los ojos.
- Es posible que el mundo se acabe en unas semanas – contesta, antes de dar un trago-.
- ¿Y lo vas a arreglar así?
- No – claro que no, no se puede arreglar nada con whiskey. Se necesitaría tequila. Litros y litros de tequila -.
Mohinder se agacha hasta estar en cuclillas junto a él, escrutando la etiqueta de la botella en la oscuridad.
- He sido héroe de ocho de la mañana a ocho de la noche, ahora necesito tiempo.
- ¿Para beber?
Se encoge de hombros. “Para pensar. Destino, muerte, amor. Todo eso.”
- Interesante.
- Lo es.
La botella tintinea al colocarla en el suelo, y lo único que Peter puede hacer es cerrar los ojos e ignorar todos esos pensamientos que gritan en su mente, que giran y golpean contra las paredes de su cráneo hasta arrancarle un precioso dolor de cabeza.
Estúpidos pensamientos. La lógica de su madre es mucho más sencilla, mucho más eficaz. Es bastante más útil simplemente no pensar.
- Voy a pedir algo al chino, ¿te quedas a cenar?
Acepta el hecho de que Mohinder intente vaciar la botella de un trago como un sí.
***
- Simone.
Debería sentirse un poco avergonzado de toda la conversación, porque está borracho, y es Simone, y también es Mohinder, al que no conoce absolutamente de nada, pero su mente parece pensar que está bien hablar de esas cosas.
La casa tiene un aroma mezclado. Arroz tres delicias, salsa agridulce, alcohol, Peter y Mohinder. Luces a medio encender y la risa baja de Mohinder resonando en la sala. Le resulta familiar, aunque no sabe identificar por qué en ese momento. Sí que sabe que Mohinder debería reír más a menudo.
- ¿Qué es tan gracioso?
Se muerde los labios y da otro trago de la botella. “Nada, es sólo que hoy he conocido a una Simone.”
Peter sonríe y maniobra con los palillos entre el arroz, pero la comida no parece dispuesta a cooperar, así que los levanta sin nada.
- El caso es que... El caso es que creía que... No sé, que estaba enamorado, supongo.
- ¿Y no lo estabas?
Se toma unos segundos para responder. Un trago a la botella y una mueca, su cabeza lamentará la ingestión de alcohol por la mañana, eso seguro.
- Quizá. No lo sé. Creo que... – se toma unos segundos para elaborar lo que quería decir – Creo que necesitaba quererla o algo así – nada más terminar se da cuenta de lo absurdo (patético) que suena eso. Al parecer Mohinder también.
- ¿Necesitabas? – una sonrisa baila en sus labios.
- Sí, me parece que sí.
Mohinder se tumba de espaldas en el suelo, manos en la nuca, ojos cerrados. Peter observa el casi hipnótico subir y bajar del pecho bajo la camiseta verde.
- Las personas no necesitan amar, Peter. No es algo que se controle. Y en todo caso, se llama dependencia, no amor.
- Eso me anima.
- Me alegro.
No puede evitar pensar que quizá tiene razón, que lo de Simone es sólo eso, dependencia, necesidad de ser necesitado. Y quizás realmente ha bebido demasiado, porque todo se ve más claro. Al menos desde una perspectiva metafórica.
Tiene cuidado de no derramar la botella cuando se tumba en el suelo, clavando el codo en el suelo y apoyando la cabeza ladeada en su mano. Está tan solo a unos pocos centímetros y cuando se aclara la garganta, Mohinder abre los ojos. Grandes, marrones, expresivos y con esa sensación de vacío que no se sabe exactamente cómo llenar.
- ¿Sabes lo que realmente necesito?
Mohinder niega con la cabeza, piensa que Peter tiene unas pestañas muy largas y que precisa de un corte de pelo.
- Necesito... – hace una pausa y aparta la mirada ligeramente cuando va a hablar – Ahora mismo necesito besarte.
Hmmm... Suena mejor una vez lo ha dicho en alto. Tampoco esperaba que Mohinder comenzase a reírse, pero aun así suena mejor de lo que sonaba en su cabeza.
- ¿Qué? – y la risa es contagiosa, porque la sílaba vibra en su lengua y siente sus labios curvándose un poco.
- Nada, es sólo que... Nada – se humedece los labios con la punta de la lengua y a Peter le parecen algo más oscuros que antes -. ¿Quieres besarme?
Lo dice lento y mordisqueando levemente su labio inferior.
Peter se siente derretir un poco por dentro, sólo un poco, y no sabe si es por el alcohol y si es algo que ya estaba allí, pero aun así asiente. Y luego estira la mano, recorre los labios de Mohinder con la yema de los dedos. “Aquí”.
Mohinder no se mueve, y la mano de Peter tampoco se retira. Al menos durante unos segundos.
El beso es tentativo, con Peter tanteando con la punta de la lengua y Mohinder agarrando su nuca. Es nuevo y extraño, porque el sabor es diferente, como a café y alcohol y salsa agridulce; y porque recorre con sus manos la camiseta de Mohinder, su pecho, y es plano, masculino y perfecto bajo el tacto.
Le incorpora, lo suficiente como para recorrer su espalda con una mano, sujetarle el rostro con la otra. Le oye - le siente - gemir contra sus labios, separarse para buscar aire y volver a chocar, en un beso más frenético que otra cosa. Un beso que intenta abarcar todo, demasiado, pero nunca suficiente.
Termina como empieza, despacio y tentativo, como si tuvieran miedo de romperse mutuamente.
- Creo que estoy un poco borracho – sentencia Peter. Mohinder nota su respiración contra los labios, siente las vibraciones contra su piel, aunque no se estén tocando.
- Creo que más que un poco.
Peter asiente, con una sonrisa en los labios y el estómago algo encogido. Sí, definitivamente algo más que un poco borracho, aunque realmente no le importa. Está Mohinder, y los besos y el acento, y eso está bien, porque... Porque cosas así no pueden estar mal, incluso si hay alcohol de por medio.
- Tengo... La cama está por allí. Creo.
Se levantan y hay risas y encontrar el camino a oscuras, como si su casa fuera un laberinto. De repente se siente un poco más sobrio - aunque no demasiado, porque juraría que esa pared antes no estaba ahí -, y aún no puede encontrar nada que le haga sentir fuera de lugar en lo que está pasando.
***
El recuerdo vuelve cuando están en el dormitorio. Cuando Mohinder se ríe y él está encima, quitándole la camiseta y haciendo malabarismos para besarle - porque, Dios, tiene los labios más perfectos que ha visto nunca -. El recuerdo es una conversación lejana, con alguien que realmente no recuerda, y una voz familiar que le susurra: Es el destino
***
No es que Mohinder haya sido nunca uno de esos tipos de “desayuno en la cama”. El colchón está mullido y se mueve y siempre termina dejando todo hecho un desastre, lo que nunca le ha resultado atractivo. Sin embargo, le duele la cabeza, y parece tarde – o el sol ha decidido brillar más de lo que debería ese día – y el café y las tostadas recién hechas huelen demasiado bien.
Abre los ojos para encontrar a Peter sentado al estilo indio sobre la cama, con una bandeja sobre las rodillas.
- ¿Desayuno?
Lo pregunta con una sonrisa, y Mohinder gruñe, pero aun así se incorpora. Se frota los ojos y se pasa la mano por el pelo, conteniendo las ganas de tirar de él para comprobar que está despierto.
- ¿Qué hora es?
El colchón se queja cuando se mueve, cuando atrae a Peter hacia sí para un beso largo y lento, que sabe a café en la comisura de sus labios. Murmura “tarde” contra su boca, se cobra otro beso y, al separarse, le coloca una tostada entre los dientes.
- ¿Lo del desayuno en la cama es una costumbre? – tiene la boca llena y el acento más espeso de lo habitual.
- Nah, es que me caes bien.
- Lástima, podría haberme planteado pasarme por aquí más a menudo.
Mohinder se saca la tostada de la boca, intenta descubrir si de verdad hay pan debajo de las montañas de mermelada. Al parecer sí que lo hay. Un poco quemado, pero allí está.
- Tienes una forma... Curiosa, de hacer las tostadas.
Peter asiente, si capta la ironía, se lo reserva para sí mismo. El desayuno es la comida más importante del día, dice. Se mancha la cara, los labios, de mermelada de albaricoque, y Mohinder realmente no resiste a limpiársela con la lengua.
PARTE TRES – EPÍLOGO
Cuando la puerta vuelve a sonar – ya es la tercera vez, y parece que la persona no se da por vencida -, Peter está en la ducha – las dos primeras estaba en la cama, y en ninguna disposición de levantarse a abrir. Seamos sinceros, aunque lo hubiera estado, Mohinder no se lo habría permitido – y Mohinder meditando sobre si realmente merecería la pena levantarse, si le reportaría algún beneficio a la humanidad.
Supone que no, pero el timbre suena por cuarta vez y le duele la cabeza. Se lo grita a Peter al pasar junto a la puerta del baño (¡Tienes visita!), aunque se figura que ya lo sabe, después de todo, fue él el que ignoró la llamada las dos primeras veces.
Al abrir, es un continuo dejà vu y se siente de nuevo en el aeropuerto Atrapado, asfixiado, aterrado y sin rumbo.
- ¿Mohinder?
Simone parece confusa, en el pasillo, desaliñada y con un lienzo bajo el brazo.
- Uh.
No es muy elocuente, pero es todo lo que Mohinder consigue sacar de su garganta. Mientras tanto, su mente hace clic. Un continuo clic, clic, clic; identificando Simone, Peter y conversaciones con demasiado whiskey.
Va a ser un día interesante.