| Rhea ( @ 2007-08-12 17:08:00 |
| Entry tags: | fandom: heroes, het, pareja: isaac/simone |
TÍTULO: El olor de la flor de algodón
FANDOM: Heroes
PAREJA: Simone/Isaac
RATING: NC-17
SPOILERS: ninguno, es pre-series
NOTAS: éste es el fic de los retos por títulos, también es el fic en el que lo he editado todo menos la parte porno porque me da mucha vergüenza releérmelo, así que tened piedad de mí xD
Supongo que es para
joanne_distte, que la muy zorra fue la que me dio la idea, y la que hizo que me pusiera a escribir Simone/Isaac
La primera vez que Simone vio los cuadros de Isaac Méndez, pensó que eran una mierda.
No, acababa de romper con su novio de por aquel entonces -alto y rubio y cabrón de ojos verdes que no la respetaba lo suficiente. O, no la respetaba, punto-, y recuerda entrar en el loft y mirar un enorme cuadro que representaba a una pareja tumbada en una cama, y luego pensar: "vaya mierda".
De vida, de dibujo, de estilo.
Y a la pareja no se les veían los rostros, pero estaban borrosas y aún así era como si hubiese demasiados ángulos. Como si el dibujo no fluyese ni consiguiese eso. La intensidad y la emoción y eso que a veces Simone veía en los cuadros y hacía que se le estirase la piel de la comisura de los labios en una media sonrisa.
- ¿Qué te parece?
Isaac era un tipo demasiado alto, demasiado guapo y demasiado cubierto de pintura. Y Simone apretó los labios hasta formar una fina línea y luego chasqueó la lengua. "¿Qué se supone que es?" e Isaac enarcó las cejas y dejó la paleta sobre una mesa llena de óleos, trapos, aguarrás y dios sabe qué más montones de cosas inútiles.
Una gran idea. Le había conocido en una cafetería, tres cuartos de horas antes, y le había mirado con grandes ojos color chocolate sobre un capuccino mientras respiraba hondo y le contaba sus penas. Típico. Y luego "¿eres un artista?" "me gusta pensar eso" "¿tienes agente?" y le había dicho algo sobre echar un vistazo a sus cuadros y tomar una copa.
Sólo. Típico.
Simone cerró los ojos y tomó aire muy despacio, por la nariz, y luego labios separados por milímetros y dejó que el oxígeno se le escapase poco a poco. Trabajo, por eso estaba allí.
- Lo siento. Es...
Isaac dio un paso al frente y bajó el lienzo del caballete. "Una mierda", terminó, y a Simone comenzó a reptarle esa pequeña sonrisa desde el borde de los labios. Diminuta, y muy leve, pero ahí.
- No iba a decir eso.
- No, los eufemismos suelen ser más políticamente correctos - esta vez se rió, un poco, y luego apoyó una mano y parte de la cadera sobre la mesa de trabajo de Isaac, dando una vuelta con la mirada al resto de la habitación. Isaac cogió uno de los trapos y comenzó a limpiar el pincel húmedo de aguarrás que había tenido en la mano -. ¿Qué tal esa copa?
Había más cuadros. Un estilo demasiado marcado, cuadrado. Lleno de líneas y ángulos y de algo que no dejaba al color moverse. No eran horribles, tampoco era lo que Simone consideraba artístico. Van Gogh, Degas, Rembrandt. Pero todos esos habían muerto artistas y famélicos, y ella necesitaba el trabajo.
"Pensaba que querías que viera los cuadros" "también quería una copa", con esa sonrisa como triste y llena de promesas, y sosteniendo una copa honda entre dos dedos, hacia ella.
Simone sonrió, y las mejillas le ardían un poco, no por nada en especial. Le temblaron un poco los dedos, cuando comenzó a echar el whisky, y casi se lo bebió de un trago, observando el resto del trabajo de Isaac.
- ¿No se venden? - aunque en realidad no era una pregunta.
Isaac se encogió de hombros y se sentó en el suelo, contra la mesa. "En realidad nunca me había planteado vender los cuadros grandes", le tiró un poco del pantalón, para indicar que se sentase en el suelo, a su lado.
Oh, cierto, un autor de cómics. Encantador. Le había hecho gracia, cuando se lo había comentado por encima del capuccino y mirándole los labios.
Dejó escapar una especie de gruñido al sentarse, y realmente esperaba no estar manchándose la chaqueta. La imagen era cara, la ropa todavía más. Pero el whisky le ardía un poco en la garganta, como entre dulzón y líquido al rojo vivo, y se mordió el labio inferior apretando la copa entre los dedos.
- No están mal - admitió, y luego tomó otro trago.
***
Quiso decírselo, esa noche. "Eres un rollo de rebote, Isaac", y quizá hubiera sido lo más sensato, hubiera ahorrado muchos, muchos problemas futuros. Pero Isaac la sostenía con cuidado, en la cama -el colchón con sábanas en el suelo del loft y Dios mío, realmente había perdido la poca dignidad que le quedaba- y por debajo de él, y se reía contra sus labios al besarla. Una mano en su ombligo y Simone tenía la sensación de que su cintura habría cabido ahí, en una sola mano, rugosa y blanca y destilando olor a aguarrás.
Los dedos continuaron trazando líneas invisibles a lo largo de su abdomen, y Simone cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Muerta, eso es lo que estaba, tenía que dejar de hacer eso, dejar de colgarse del tío más cercano y... Y. La lengua de Isaac en su cuello, húmeda y caliente, e hizo eso de mover las caderas, casi de forma involuntaria, contra las de Isaac, un movimiento rápido y seco y con la ropa interior rozando la piel, quemando y golpeando el hueso de su cadera.
Sabían a alcohol, los dos, cuando las bocas se buscaban y las lenguas comenzaban a caracolear, chocando y como en una especie de baile torpe y urgente. Las manos de Isaac seguían dibujando, líneas y círculos y formas abstractas, todo figuras que no tenían nada que ver con sus cuadros, movimientos que no dejaban de fluir y dibujos que se confundían entre la mezcla de colores.
Simone se movió debajo de él, con los ojos medio abiertos y medio cerrados e intentando encontrar una postura desde la que maniobrar. Hundió las uñas en su piel, en sus hombros, e Isaac dejó escapar una especie de gruñido ahogado, a medio camino entre gemido y risa y dejando de moverse durante un momento. Una pierna a cada lado de su cadera y se paró un momento para juntar labios con labios sin besar, sólo respirando encima de su rostro y con la sonrisa ahí, la sonrisa siempre estaba ahí. "¿Qué? ¿Te quieres escapar?" y Simone dejó escapar una carcajada y dejó que una de sus manos recorriera la espalda de Isaac, el otro brazo aún en su cuello. Observó el contraste de colores, difuso y oscuro y precioso, de esos que aparecen en los lienzos y ella puede mirar durante horas.
Isaac Méndez, eso sí que era un sinónimo de problemas. Y ese era el pensamiento, cuando Isaac comenzó a bajar, dejando hileras de besos en su barbilla y cuello, el rostro entre sus pechos y un rastro de saliva desde su clavícula, continuando el dibujo que dejaban sus dedos.
Simone abrió las piernas, casi sin querer, casi por inercia. Separando las rodillas y cerrando los ojos, se agarró a las sábanas. "¿Vas bien?" rozando su piel y haciendo que se le erizase el pelo de los brazos, Simone tenía ganas de golpearle con algo, por la paciencia y el estúpido cuidado, porque sólo es un rollo de rebote, joder, y era demasiado, demasiado lento e intenso y demasiado húmedo y derritiéndose, debajo de la cintura, sólo para ser un eso, para no ser complicado. Y necesitaba no complicado, de verdad que lo necesitaba. También necesitaba a Isaac siendo un poco más rápido, no lo suficiente como para matar su virilidad, pero un poco.
Metió los dedos entre su pelo, sólo acariciando el cuero cabelludo, y luego tirando un poco, cuando vio que Isaac no parecía entender la indirecta. "Isaac..." con un tono un poco de amenaza, e Isaac levantó el rostro, unos segundos, con una sonrisa de tiburón, casi sin separarse de su piel, y deslizando sus bragas hacia abajo, con dos dedos y demasiado despacio. Y cree que pudo deshacerse un poco, entonces. Con la lengua de Isaac y el hecho de que se le cortó la respiración en un momento. Oxígeno, solía ser necesario, y tuvo que hacer un esfuerzo por recordárselo, eso de respirar, cuando Isaac le sostuvo la cadera contra el colchón, con las dos manos y los dedos apretando demasiado en el hueso de su cadera. Primero con la lengua, despacio y tentativo, y Simone se mordió los labios para evitar el gemido e intentó no tirar demasiado, sólo dejando que los mechones de Isaac se le deslizasen entre los dedos. Lengua y demasiada saliva, y luego dos dedos y joder, un temblor que parecía extenderse por todo su cuerpo y no conseguía pararlo. Respiración entrecortada y sudor frío en el cuello, durante varios segundos, varios segundos de dentro y fuera y lengua y diosjoderisaac, hasta que paró. De golpe y demasiado brusco y aún palpitando. Isaac sonrió y se movió rápido, encima de ella y dejando que recuperase el aliento. Dedos húmedos y el pulgar recorriendo sus labios, la besó al penetrarla, despacio y como manteniendo ese ritmo lánguido, como si Isaac no tuviera todo el tiempo del mundo, y como si realmente estuviera bien, lo que estaban haciendo, como si significase algo. Ahogó un gemido en su garganta, a la primera embestida, piernas enrollándose en su cintura y uñas clavándose en los hombros de Isaac.
Un ritmo torpe, nuevo, hasta encontrar el compás perfecto. Empujando suave al principio, como si se fuera a romper, y luego embestidas rápidas, más fuertes, lamiendo el sudor de su cuello y cortándoles las respiración a ambos. Más rápido y húmedo y sosteniéndose y besándose como si se fueran a caer, como si sólo quedasen ellos dos en pie, el único apoyo. Dentro y mordiéndose los labios a cada oportunidad, las manos de Simone continuaron explorando, la espalda de Isaac, acariciando y trazando sus propios dibujos, agarrando, demasiado fuerte, cuando Isaac embestía y ponía su frente contra la suya, respiración contra respiración y los ojos de Isaac clavados en los suyos, demasiado cerca.
Él terminó antes, ojos cerrados y los labios encima de los suyos, quieto, rígido durante unos segundos y temblando contra su piel. Simone enterró el rostro en su cuello, en la piel templada y besando las gotas de sudor, y no le llevó demasiado tiempo, moviéndose despacio y la mano de Isaac alcanzando entre ellos, acariciando despacio y en círculos. Un orgasmo lento y blanco, en silencio y como si no se atreviese a abrir la boca, como si ello fuese a significar algo más, algo que no debería.
Se quedaron así, unos segundos. Hasta que Isaac se separó un poco, una sonrisa en la cara y acariciándole el costado con una mano. Se apartó de ella, subiendo un poco la sábana para que se tapase, antes de levantarse a tirar el condón.
Unos segundos. Unos segundos antes de que volviese de nuevo a la cama. Un ambiente de contrastes y Simone aún no había dejado de temblar, no había decidido si hacía frío o calor o si simplemente no le importaba.
Cerró los ojos.
Problemas, así se llamaba lo que acababa de hacer.
***
No hubo mañana siguiente. Era el problema de los lofts. Demasiado pequeños, demasiado públicos.
El colchón crujió cuando Isaac deslizó el brazo de alrededor de la cintura y se levantó, con cuidado de no destaparla.
Por un momento pensó que se iba. Que se levantaba temprano y se iba. Un rollo de una noche, vaya que sí. Excepto que no tenía sentido, porque era su loft. Irse de él para evitar la mañana siguiente habría sido terriblemente ilógico.
Así que se quedó muy quieta durante unos segundos, con los ojos cerrados y sin pensar en ello. En los labios de Isaac y la manera en la que le hablaba al oído cuando se estaba quedando dormida, palabras en español que no conocía, que dudaba que tuvieran sentido, pero que hacían que se le pusiera esa sonrisa estúpida en el rostro. En que le dijo eso, que le gustaba verla sonreír. En las marcas de sus brazos, marcas de agujas y moretones.
No pensó en ello, hasta que oyó el pincel y el olor a aguarrás arrastrándose por el aire y llegando hasta el colchón.
Se giró despacio, arrastrando las sábanas, hasta que pudo observar la silueta de Isaac a lo lejos. Con los vaqueros cayéndole en la cadera y el brazo levantado, pintando algo rojo y gris y amarillo en un lienzo empezado hace tiempo.
Decidió que la sábana haría un buen camisón. No es que tuviese otra cosa que ponerse, y desde luego no iba a vestirse de nuevo de madrugada, Isaac la había metido en su cama, tenía la obligación de mantenerla allí al menos hasta el desayuno. En teoría. Probablemente más, había reglas no escritas sobre eso, o algo así.
Observó durante unos segundos, sosteniendo la sábana a la altura del pecho y con el cabello haciéndole cosquillas sobre los hombros. Los trazos rápidos y demasiado cortos. Secos, casi sin detenerse a humedecer el pincel en el aguarrás. Demasiado óleo, a veces trazos con la espátula, como si quisiese conseguir la forma abstracta, la silueta. Como si las líneas dieran exactamente igual, y sólo importase la idea. Sin sombras y con tonos que son básicamente primarios, incluso el gris tendiendo a ese tono azulado, cercano al cyan, frío y casi muerto, pero estaba ahí, la idea.
Se movió despacio, con cuidado de no manchar la sábana, levantándola a la altura de las rodillas y esquivando ropa que habían dejado tirada, que no le apetecía ponerse a identificar. A dos pasos por detrás de Isaac y trazando los músculos de su espalda con la mirada. Líneas y líneas y aún más líneas cuando levantaba el brazo para un nuevo trazo, inclinándose hacia delante, y luego hacia detrás. Paleta en mano y cabeza hacia un lado, como si quisiera ver el cuadro en diagonal.
Siempre le hacía gracia, eso. La forma en la que se alejaban un par de pasos y trataban de encontrar los fallos, como si el arte se tratase de eso.
- ¿Son lirios? - y ella también estaba inclinando la cabeza hacia el mismo lado que Isaac, cerca de su hombro.
Isaac no pareció sobresaltarse, se rascó la cabeza con el pincel y frunció un poco los labios. "Flores de algodón" contestó después de pensarlo durante unos segundos.
Simone rió, y se recolocó de nuevo los innumerables pliegues de la sábana. Luego se acercó unos pasos y levantó el índice hacia la mancha gris.
- ¿Qué se supone que es eso?
Supuso que la mirada de Isaac era de incredulidad. Quién lo adivinaría, con su repertorio expresivo. Enarcó las cejas y le pinchó en el pecho con el mango del pincel, como si fuera una alumna algo lenta.
- Una cacerola. No cocinas mucho, ¿verdad?
- A veces hago huevos fritos.
Y no era mentira. Y a veces no los quemaba y todo.
Isaac se volvió de nuevo al cuadro, el pincel en la mano y expresión pensativa, y Simone se inclinó un poco, con la barbilla en su hombro y observando el lienzo. Los trazos borrosos y primarios, dibujo seco y como si tratase de decirle algo, que en realidad no importa.
- Es la primera vez que veo flores de algodón - admitió, e Isaac tembló un poco al reírse, deslizó una mano hasta su cintura.
- Eso explica la falta de críticas.
No del todo.
Al menos ahora tenía más información. Ahora incluso sabía a qué olían las flores de algodón. Era aguarrás y óleo, y, sobre todo, muchos, muchos problemas.