| Rhea ( @ 2007-05-19 17:03:00 |
| Entry tags: | fandom: heroes, het, pareja: mohinder/candice |
TÍTULO: Ilusiones
FANDOM: Heroes
PAREJA: Mohinder/Candice (I know, het. *SHOCK*)
RATING: R, supongo.
SPOILERS: Hasta... *cuenta* 1x19, más o menos.
NOTAS: Partamos de la base de que Mohinder está trabajando para la Compañía. Punto. Y esto se lo dedico a
sineh, que dijo que estaría feliz si escribía a Candice xD
NOTAS 2: Observad que no sé escribir porno, así que culpemos a que pasé dos horas y media aburrida en la peluquería.
Su verdadero nombre no es Candice, por supuesto. Candice es una ilusión, una fachada, exactamente como todo lo demás.
A él no se lo cuenta. Cuando le conoce -Doctor Suresh deja una vibración extraña en su lengua y tiembla en las eses-, es Candice; sonrisas que llevan triples sentidos, movimientos felinos y pestañas que llegan hasta el infinito.
Probablemente Mohinder lo sabe, después de todo, así es como funcionan las cosas allí. Máscaras y espejismos, un laberinto de medias verdades y moralidad gris. Al final es lo único que queda, lo único que permite que lo que hacen no se sienta como una excusa barata.
Trabajan juntos a regañadientes, de ocho de la mañana a ocho de la tarde y con disponibilidad de siete días a la semana, porque nunca se sabe qué puede ocurrir, y realmente no es un lugar en el que tengas la posibilidad de elegir. Mohinder habla mucho. Demasiado. La mayoría de las veces, Candice le deja sólo para oír como las vocales resbalan contra el aire como si fueran miel. Le gusta ponerle de los nervios, comentarios sarcásticos y un mínimo espacio vital, porque, cuando se asoma por encima de su hombro, cuando sus labios están demasiado cerca de la oreja de Mohinder y su respiración es caliente contra su piel, puede oírle balbucear.
Hombres.
Durante días, hace un esfuerzo por ignorar lo evidente. Que Mohinder le abre las puertas y le separa la silla para que se siente. Que le pregunta qué tal está cuando llega con una expresión demasiado perfecta y los ojos rojos bajo la ilusión. Que se calla cuando las contestaciones dejan de ser un juego, y cita Casablanca y a Humphrey Bogart cuando le lleva el café por las mañanas.
A veces... A veces, Candice se permite ese esbozo de sonrisa, por debajo de la máscara.
La que pasa es sólo natural, y Candice no abre los ojos en todo el tiempo, porque mantener la concentración es mucho más difícil si oyes a Mohinder Suresh jadear por debajo de ti. Piernas alrededor de su cintura y calor que abrasa al mínimo contacto. Lo nota palpitar, demasiado cerca, y aun así no lo suficiente. Probablemente nunca, porque siempre está ahí. La barrera, la ilusión, y ya no sabe si la que actúa es ella, o el disfraz que toma forma.
La primera embestida, la primera vez que Mohinder se desliza dentro de ella, después de besos necesitados y rapidez caótica, piensa que sería demasiado fácil romper la concentración en ese momento, mandarlo todo a la mierda y perder esa pequeña porción de intimidad que ni siquiera está segura de mantener. Dios, y más que gemir, quiere insultarle, porque tiene un nombre demasiado largo, demasiado estúpido, y con la descoordinación probablemente sólo se acordaría de la primera sílaba.
Movimientos secos y sin encontrar un ritmo constante. Le clava las uñas en los hombros, y arde bajo la piel cuando recorre el cuello de Mohinder con la lengua, trazando los músculos y mordiendo la garganta, creando un mapa mental para lo que los ojos no pueden ver. Los besos tienen sabor metálico, porque siguen el ritmo inconstante y Candice hunde los dientes en sus labios hasta que puede imaginarlos rojos y saborearlos con la lengua. Largos y confusos, lenguas enredadas y Mohinder ahogando los gemidos en su garganta, porque Candice no le suelta hasta que el oxígeno se acaba y los pulmones queman demasiado y un poco más.
No abre los ojos, y la concentración casi se escapa cuando las manos de Mohinder están en su espalda, en sus hombros, estabilizándola. Lento y más dentro, joder. Dientes en su cuello hasta que está segura que quedará marca, acariciándole con la lengua mientras tiembla sin dejar de moverse, de embestir. Vibra contra su piel, gruñidos ahogados y buscando su boca como si realmente la necesitara, como si fuera importante.
Se corre dentro de ella casi en silencio, vibrando y con los dedos de Candice metidos en su pelo. Respira lánguido contra su mejilla, y casi está tentada de abrir los ojos.
No le lleva mucho, Mohinder se mueve como si la acunara y no tuviera ninguna prisa, besando su barbilla y trazando su columna con la punta de los dedos. Despacio y dentro, oleadas de placer blanco y fuego y escalofríos, como si alguien hubiera intercambiado su sangre por ácido y no se lo hubiese dicho. Entierra el rostro en su hombro, húmeda debajo de la cintura y apretando los párpados como si le fuera la vida en ello.
Mohinder no habla, después. Por la noche, cuando piensa que está dormida y ella no se atreve a respirar demasiado fuerte, a romper la ilusión, le besa el ombligo y recorre sus hombros con la yema de los dedos.
Casi se plantea decírselo, entonces, su verdadero nombre. Y probablemente es el momento en el que se da cuenta de que más le vale cambiar la máscara de nuevo, antes de que se hunda en problemas más profundo de lo que ya está.