Notas de la Autora: Esta es una viñeta original, con algo de fantasía y un poco oscura. Poco a poco iré introduciendo a los personajes con nuevas viñetas que iré subiendo a esta comunidad. Espero les guste. :)
El cielo estaba negro y veteado de relámpagos, de vez en vez iluminando el cristal de la ventana por la que ella se había asomado para observar la tormenta eléctrica. El aire estaba cargado de humedad que se impreganaba a la blanca piel de Aeglen. Eran días como este que le ponían el cabello de punta. Por lo que cuando las frías manos se posaron sobre sus hombros se sobresaltó.
-¿Qué sucede cara?
Antes de que hablara, ella le había reconocido.
-Nada.- y ella dejó escapar bajo su aliento un pequeño suspiro. Permitió que su cabeza se posara sobre el hombro masculino, miemtras unos brazos rodeaban su cintura desde la parte posterior.
-Me fascinan las noches como esta.
Toda su piel se erizó por el placer cuando esa voz ronca le murmuró al oído. Contuvo el deseo de respingar. ¡Por supuesto que le gustaba! El amaba todo lo que era oscuro y siniestro. Era parte de su naturaleza. Para su total deleite sintió unos dientes afilados rozar su cuello y cerró sus ojos. Sólo eso se permitía él hacer, nunca introducía los punzantes dientes a su delicada piel. No sabía porque no lo hacía y tampoco le había preguntado.
Era enorme el abismo que existía entre ambos, uno que era apenas insalvable. Ella, criatura del día, la personificación pura de la claridad mientras que él pertenceía a las tinieblas, la deidad de lo tenebroso. Y aún así le amaba.
Un rayo rasgó el cielo y consigo trajo un ensordecedor trueno. Girando dentro del circulo de los brazos de su amante, le miró al rostro. Una extraña sonrisa apareció en el apuesto rostro.
-¿Qué? - le preguntó ella, curiosa ante ese gesto.
El no contestó, simplemente alzó una de sus manos y acarició con ternura el rostro femenino. Eran momentos como este que ella dudaba de que el fuera la vil e inhumana criatura incapaz de sentir algo. Los rojos ojos le miraban con algo casi comparable al amor. ¿Sabría él lo que significaba esa palabra?
¿Acaso sabía él que la palabra existía?
No pudo desviar sus ojos del rostro masculino. Era guapo como una maldición, tan hermoso como un suspiro, tan bello y divino como una mentira y ella estaba perdida, hundida en este abismo sin fin de deseo y placer. Otro relámpago iluminó la habitación.
-Ven. Lo mejor es pasar esta tormenta en la cama. - y le haló con delicadeza de la mano, guíandola hasta el enorme lecho. Y se dejo llevar... porque hasta al mismisimo infierno se iría ella con él.
El cielo estaba negro y veteado de relámpagos, de vez en vez iluminando el cristal de la ventana por la que ella se había asomado para observar la tormenta eléctrica. El aire estaba cargado de humedad que se impreganaba a la blanca piel de Aeglen. Eran días como este que le ponían el cabello de punta. Por lo que cuando las frías manos se posaron sobre sus hombros se sobresaltó.
-¿Qué sucede cara?
Antes de que hablara, ella le había reconocido.
-Nada.- y ella dejó escapar bajo su aliento un pequeño suspiro. Permitió que su cabeza se posara sobre el hombro masculino, miemtras unos brazos rodeaban su cintura desde la parte posterior.
-Me fascinan las noches como esta.
Toda su piel se erizó por el placer cuando esa voz ronca le murmuró al oído. Contuvo el deseo de respingar. ¡Por supuesto que le gustaba! El amaba todo lo que era oscuro y siniestro. Era parte de su naturaleza. Para su total deleite sintió unos dientes afilados rozar su cuello y cerró sus ojos. Sólo eso se permitía él hacer, nunca introducía los punzantes dientes a su delicada piel. No sabía porque no lo hacía y tampoco le había preguntado.
Era enorme el abismo que existía entre ambos, uno que era apenas insalvable. Ella, criatura del día, la personificación pura de la claridad mientras que él pertenceía a las tinieblas, la deidad de lo tenebroso. Y aún así le amaba.
Un rayo rasgó el cielo y consigo trajo un ensordecedor trueno. Girando dentro del circulo de los brazos de su amante, le miró al rostro. Una extraña sonrisa apareció en el apuesto rostro.
-¿Qué? - le preguntó ella, curiosa ante ese gesto.
El no contestó, simplemente alzó una de sus manos y acarició con ternura el rostro femenino. Eran momentos como este que ella dudaba de que el fuera la vil e inhumana criatura incapaz de sentir algo. Los rojos ojos le miraban con algo casi comparable al amor. ¿Sabría él lo que significaba esa palabra?
¿Acaso sabía él que la palabra existía?
No pudo desviar sus ojos del rostro masculino. Era guapo como una maldición, tan hermoso como un suspiro, tan bello y divino como una mentira y ella estaba perdida, hundida en este abismo sin fin de deseo y placer. Otro relámpago iluminó la habitación.
-Ven. Lo mejor es pasar esta tormenta en la cama. - y le haló con delicadeza de la mano, guíandola hasta el enorme lecho. Y se dejo llevar... porque hasta al mismisimo infierno se iría ella con él.
- ¿Dónde?:al borde de un precipicio
- ¿Cómo?:
mischievous - ¿Qué?:Within Temptation / Destroyed


Comments
Y segundo: muy prometedor el fic. Aparte de que admiro las historias propias porque soy incapaz de escribirlas, me da la impresión de que esta puede ser de las buenas.